En esta vida hay dos formas de aprender las cosas, a través de la palabra (escrita u oral) y a través de nuestra experiencia. Pero en cuestiones de los sentimientos a mi juicio sólo hay una, la experiencia propia. Nadie nos va a poder decir qué es sentirse enamorado, qué es sentir la ausencia, qué es disfrutar una plática de todo un día, si no es que lo ha vivido antes.
Hasta hace unos días tuve una amante, una amante perfecta en todos los sentidos, una chica maravillosa que me hizo sentir que es en realidad estar enamorado y no mis utópicos prejuicios. Ella es una chica de ojos miel, brillositos y tiernos que hacen de su mirada un destello de jovialidad y movimiento. Tuvimos una relación de 4 años y casi 5 meses. Cuando lo recuento no lo creo, el tiempo como siempre es relativo. En un comienzo sabíamos que era difícil nuestra situación, principalmente por mi, estoy casado, ambos entendíamos nuestros límites y sabíamos hasta donde llegar, pero al pasar el tiempo nos fuimos enamorando, dándonos cuenta que eramos como dos almas gemelas que se habían encontrado, disfrutando la comunicación maravillosa que había entre los dos, una comunicación que se daba al punto que llegamos a pensar que la telepatía existe. Nos enamoramos.
Hace unos días, ella decidió terminar -- de la relación ella era la que más sufría, yo tenia todo, 2 mujeres, mi familia, mientras ella su familia y a mí(a veces) --. Así un día lunes como para empezar bien la semana, me dijo que ya no era posible seguir. No me lo esperaba y los días han sido desde ese entonces vacíos en todos los sentidos, estaba unido a ella más de lo que me imaginaba y veia, como siempre, nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, y perdido me veo. Han pasado apenas unos días, ambos hemos echo un pacto de hablarnos, pero no vernos, así al menos el desapego irá surgiendo de forma natural poco a poco y cuando menos nos demos cuenta estaremos más tranquilos para seguir adelante.
Creo que no es muy bueno hablarnos porque ese hilito de esperanza se desliza entre los dos, cada que la escucho no puedo evitar sentir, querer abrazarla, querer acercarme a ella y sentirla junto a mi y entonces viene un sentimiento de frustración y enojo que me hace querer desconectarme definitivamente, pero entonces cuando lo hago, regreso al deseo de al menos poder escucharla, saber que está, que está ahí, bien, sentirla a través de la línea telefónica.
Pienso que este adiós es como cuando fallece un ser querido, en ese momento recuerdas todo lo que compartiste, cada instante precioso junto a él resurge y llega la añoranza y con ella el sentimiento de tristeza que termina por estrujar tu garganta y sentir las lagrimas en la orilla de los ojos. Así le estoy diciendo adiós, sólo que ella está allá en algún lugar y yo sigo aquí vivo
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